Conmemoran el CVI Aniversario Luctuoso de Alberto Carrera Torres
En su monumento ubicado en la entrada al barrio «El Jicote», autoridades municipales y la Secundaria Prof. y Gral. Alberto Carrera Torres realizaron un homenaje en su aniversario luctuoso.
Nació el 23 de abril de 1887 en el Rancho Atarjeas, Municipio de Bustamante; cerca del Ejido Calabacillas, fue maestro rural de primeras letras, estudiante de leyes y militar revolucionario. Sus padres fueron Candelario Carrera y Juana Torres. Hermano mayor de Francisco, Antonio, Fausto y Benito Carreras Torres.
Ni las oraciones que su madre le rezaba, ni los telegramas urgentes enviados a Don Venustiano Carranza y a su señora esposa, ni el haberse defendido así mismo en el juicio en su contra, fueron suficientes para evitar que en un día como hoy 16 de febrero pero de 1917, fuera fusilado el General Tamaulipeco Alberto Carrera Torres, eran las 4:30 de una tarde de invierno, la noche anterior un improvisado consejo de guerra lo condenó a la pena capital. El último año lo había pasado de cárcel en cárcel, Tlatelolco, Guadalajara, Monterrey y finalmente Ciudad Victoria donde fue condenado a muerte por órdenes del General Luis Caballero Vargas.
En 1911 se levantó en armas en la Ciudad de Tula, en favor de Madero, comandaba el Ejército Libertador de Tamaulipas, integrado por más de 500 hombres.
“Era una tarde de invierno, entre las calles 8 y 9 Matamoros, entre aquellas casas, se levantaba entonces ocupando casi toda la cuadra la Penitenciaria del Estado, en el 8 la Comandancia de Policía, la Presidencia Municipal, hacia el nueve los juzgados, por la calle Morelos en el 8, la Imprenta de Gobierno y siguiendo al 9 un portón que daba al gran patio y en la esquina el Congreso del Estado, en toda la calle frente a estos edificios un conglomerado humano.
De pronto apareció un hombre alto, delgado, muy moreno, con anteojos de arillo de plata, traje oscuro, con sombrero de bombín, que renqueaba al caminar, apoyándose en un bastón negro, el hombre que había nacido para el mando y que condujo gentes en la lucha armada, en aquel momento se erguía con gran arrogancia en el umbral entre la vida y la muerte.
En el cementerio, frente a la barda poniente, ya estaban formados las fuerzas de la guarnición, llegó el coche con el reo, que bajó por su propio pie, lo recibió un sacerdote y la respetabilisima dama Doña Eugenia Castañeda Viuda de Legorreta, el General llegó al lugar del patibulo con entereza y erguido, sin demostrar abatimiento ni cansancio.
Entraron al panteón y a no menos de diez pasos, al norte de la puerta, dando la espalda a la barda, se colocó a pie firme, no acepto venda en los ojos, solo pidió que no le pegaran en la cara, se quito los anteojos y se los entregó a Doña Eugenia, así como también el bombín y el bastón, regaló algún dinero y objetos personales a los soldados, se oyeron las órdenes de mando y se derrumbó el cuerpo de aquel hombre, el mayor Tiburcio Quilantan le dio el tiro de gracia.
En 1923 el Gobernador Cesar López de Lara mando exhumar sus restos para ser trasladados a la Ciudad de Tula, ahí permanecieron muchas décadas hasta que en 1999 fueron depositados en la Rotonda de los Tamaulipecos Ilustres.
“Con su muerte, nació la leyenda del Tamaulipeco que mejor encarno al auténtico revolucionario”.
Este evento contó con la presencia del Secretario del Ayuntamiento, Prof. Magdaleno Aguilar Lara en representación del Presidente Municipal C. Antonio Leija Villarreal, la Síndica Lic. Felissa Gpe. Acevedo Collazo, Síndicos y Regidores, autoridades educativas y alumnos de diversas instituciones educativas de la ciudad, que le homenajearon con una ofrenda floral y haciendo guardia de honor.











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